- Prepárate. Haz el examen de conciencia y arrepiéntete de verdad: no porque te pillen, sino porque has fallado a Dios.
- Saluda. Al llegar, el sacerdote o tú decís:
— Ave María Purísima.
— Sin pecado concebida.
Haz la señal de la cruz. - Di cuánto hace de tu última confesión. «Hace tres años», «hace un mes», «no me acuerdo, mucho». Lo que sea verdad.
- Di tus pecados. Primero los graves, con qué y cuántas veces. Sin rodeos y sin detalles que sobran. Si no sabes cómo decir algo, dilo: el sacerdote te ayuda.
- Escucha. El sacerdote te dará un consejo y una penitencia: una oración o una obra que harás después.
- Reza el acto de contrición. El de abajo, o con tus palabras.
- Recibe la absolución. El sacerdote dice las palabras del perdón. Santíguate. Estás perdonado del todo.
- Despídete y cumple la penitencia. Mejor cuanto antes. Y da gracias.
¿Llevas años sin confesarte? Mejor todavía: es la confesión que más vale. Si te da apuro, pide cita con un sacerdote para hablar con calma, fuera del confesonario.
Acto de contriciónSeñor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
Versión cortaJesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí, que soy un pecador.